<<Para el norteamericano Walter L. Wagner y el español Luis Sancho, el fin del mundo está mucho más cerca de lo que nadie pueda pensar>>. Con esta divertida frase comienza el artículo del correo digital que recoge la demanda interpuesta por estos dos personajes contra el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), el Departamento de Energía de los Estados Unidos, el Fermilab y a la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
Vamos a ver; Sancho, que se define a sí mismo como, atención, «investigador de la teoría del tiempo» (jajaja), y Wagner, que al parecer trabajó en cósmicos en Berkeley, presentaron el pasado 21 de marzo una querella ante un tribunal de Honolulu para que se impida, o por lo menos retrase, la puesta en marcha del LHC. Piensan que la posibilidad que tendrá el nuevo acelerador de partículas de crear microagujeros negros, monopolos magnéticos (sí, seguro) y strangelets (otra vez los malditos quarks extraños!), es demasido peligrosa, que estas cosas exóticas pueden acabar con el planeta de un plumazo.
Y es que es verdad, los científicos llevan ya mucho tiempo intentando cargarse el universo y ahora están más cerca que nunca. Cómo van a comprender el funcionamiento de un agujero negro si no son capaces de fabricar uno y hacer que nos trague a todos. Gracias a dios que contamos con héroes como Sancho y Wagner que velan por la integridad del espacio-tiempo.
En fin, es muy lamentable que estas noticias formen parte del articulario científico de un periódico serio, y no sé por qué yo estoy escribiendo sobre estas chorradas. Pero estoy un poco cabreado después de poner el canal de historia y escuchar; primero, que el destrozo de Tunguska lo provocó una nave espacial marciana que se descalabró cuando se disponía a recoger agua de un lago ruso, y segundo, a un homeópata hablar de plantas en un museo de historia natural. Vamos, lo normal.
+info: ver también Las Ciencias del diario Público.