Fusión fria… ¿otra vez?

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Para los que visiten con cierta frecuencia la página web de la revista New Scientist el artículo publicado por Bennett Daviss titulado Cold Fusion rides again no les habrá pasado desapercibido.
Parece ser que el viejo tema de la fusión fría vuelve a ser tema candente debido a un artículo publicado en la revista Naturwissenschaften y firmado por Frank E. Gordon, director del departamento de ciencia aplicadas del Space and Naval Warfare de San Diego.

Siendo un “procedimiento Feynman”, una persona buscaría los dos artículos, el de New Scientist y el de Naturwissenschaften, los leería con detenimiento y sacaría sus propias conclusiones.

Deberían estar todos de acuerdo, o al menos eso creo yo, en que el artículo de Bennett Daviss resulta puramente descriptivo: comienza con una breve descripción del artículo de Frank E. Gordon. Posteriormente se adentra en el tenebroso mundo de los inicios de la fusión fría y la vergonzosa situación en la que Stanley Pons y Martin Fleischmann dejaron a la integridad científica en 1989. A continuación cita algunos investigadores que, a pesar de la confirmación oficial acerca del experimento fraudulento de Pons y Fleischmann, siguieron -y siguen- investigando por su cuenta y consiguieron publicar en algunos peer reviewer-journals. Entre estos últimos se encuentran Pamela Mosier-Boss y Stanislaw Szpak, del Departamento de Ciencias Aplicadas del Centro de Navegación de San Diego financiados por su jefe, Frank E. Gordon, el firmante del artículo de marras de Naturwissenschaften. Llegado a este punto se describe con detalle el experimento, se citan declaraciones a favor y en contra y, finalmente, pone fin al artículo de prensa con las declaraciones de David Nagel, físico de la George Washington University de Washington DC: “This could be the year when things change for cold fusion,”[..] “Or maybe next year.”

El análisis del comunicado de Frank E. Gordon en la revista Naturwissenschaften se hace difícil para todos aquellos que no tengan un poco de base teórica para digerirlo, pero cualquiera puede verificar que la palabra cold fusion sólo aparece de refilón al final del comunicado y en la sección de referencias; parece que después de lo ocurrido con Pons y Fleischmann la palabra no vende.

El final de todo esto está aún por llegar. Hay que decir a su favor que el procedimiento seguido en este caso es significativamente mejor que el de Pons y Fleischmann. Así a todo cabe hacerse la pregunta clave: ¿cómo es que el artículo no se publicó en Nature o Science?. Esto plantea muchas dudas sobre la veracidad del comunidado de Frank E. Gordon. Esta vez la comunidad, científica y no científica, ha sido más prudente dados los nefastos precedentes. Muchos científicos han intentado reproducir el experimento de Frank E. Gordon con todos los intentos fallidos por lo que, personalmente, creo que la gente no distinge la energía electrónica de la nuclear y que esto tiene la misma pinta que lo que sucedió anteriormente con las máquinas del movimiento perpetuo.

En la red hay información abundante sobre el tema:

– El artículo de New Scientist traducido y comentado en Caerolus.
– Información sobre el experimento de Frank E. Gordon en US Navy Cold Fusion Research.
– Defensores de la fusión fria en Cold Fusion Times.

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